sábado, 23 de julio de 2011

Presentación del libro ASFIXIA, de Roberto Rowies

Nuevo libro de Roberto Rowies "ASFIXIA", Ediciones Eureka 2011



El autor




La editorial





El libro


Contratapa


El interior, o sea, los archivos...

Está dividido por 12 cuentos en .PDF, una presentación, el Prólogo, y el final con los agradecimientos, otro viedeo.

Aqui el video de la PRESENTACIÓN.... 

 




El PRÓLOGO....

Prólogo de la primera edición. Buenos Aires, julio 2011

Parafrasear líneas en un prólogo, sobre todo cuando todo está escrito sobre ello (sobre la forma, el sentido, la metáfora) parece inútil. Digo parece, de manera ambigua y arbitraria, porque sé que tiene un significado.
Trataré de aclararlo: los cuentos y relatos que se reúnen en “Asfixia” poseen un carácter mediador. En mis momentos de lucidez (pragmática, sencilla, sin ser intelectual) escribí algunos; otros fueron por azar; los restantes surgieron a partir de la ambiciosa y ardua tarea de conseguir un premio. Viajaron a Nimes, en Francia, sin suerte. A Venezuela, Colombia, Perú, Canadá y por supuesto, Argentina. Algunos con suerte lograron una mención. Otros ganaron el primer premio. Otros, fueron borrados de la base de datos.
Con esa pretensión inverosímil de ser un escritor aceptado, premiado, laureado, se gestaron sin una homogeneidad que hubiese resultado tediosa para mí. Ambicionan gloria. Que la tengan por derecho propio, no el delegado por mis incertidumbres, ni por las ajenas, sino por sí mismos, ya sería el mayor de los premios.
Mi endeble locura, junto con las ajenas, parece querer ser sabia. Perpetra una forma que me resulta extraña, inadecuada. Cuando me siento y la vislumbro, la admiro. Pretendo compartir (no explicar) una parte de esos sentimientos encontrados, que me sofocan, me asfixian. Forman parte de mi ser, y de mi otro ser. “El loco”, “El hombre con el pelo en la frente”, “Mujer Mosquito” y “El laberinto y el sueño” se enmarcan en esa delicada línea entre la razón y la locura. Entre el sueño y el abismo. Entre la fantasía y la realidad. Los otros, no menos desdeñables, terminan de dar forma al libro, y dejan ver entre líneas la emancipación de mi ser razonable. Los entenderé, luego, cuando expresen el sinsentido de algunos. O el de todos.

Retomando la retórica del prólogo, veo que es exigua la diferencia entre que lo escriban mis dedos sobre un teclado, u otros ajenos. Exigua la diferencia entre uno bien escrito y su antítesis. Decir unas líneas antes, que las lean, produce placer. Para el lector, que puede detener automáticamente la lectura y encontrar útil esta página; y para mí, la satisfacción de habérmelas ingeniado para hacerles perder el tiempo. El tiempo, que parece haberse convertido en un instrumento de utilidad, cuando en realidad, es, y seguirá siendo, un parámetro de distancia.

 Roberto Rowies. Buenos Aires. 22 de julio de 2011.




martes, 3 de mayo de 2011

ES FÁCIL, MUY FÁCIL

NUESTRO LIBRO GRATIS PARA TODOS

Vuelvo a portear despúes de mucho tiempo, para dejarles una buena noticia!!!. Cualquier seguidor que deje su Email, le enviaremos a la brevedad "Libro Esquiso" en formato pdf, después de ya haber transitado un tiempo por la calle de la venta, el boca a boca, el puerta a puerta. Es mejor declararlo como algo que no tiene valor, y que cada uno se lo dé cuando lo lea. Esa es la misión.


Los saludamos.
Los autores.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Nuevo Ebook!! 17 cuentos de 17 autores de todo el mundo.

Nueva antología en la que participo. Resultó finalista el cuento PLAZA CONSTITUCIÓN y se editó de manera gratuita y profesional por zonaliteratura.com, presidida por Gustavo Mayares, a quien le envío un cordial saludo.



17 cuentos y 17 autores de seis países diferentes de América Latina y Europa que participaron del concurso «Un cuento en mi blog», organizado por ZonaLiteratura.com. Miles de lectores de todo el mundo que votaron a sus relatos preferidos entre octubre y noviembre de este año, los que ahora son publicados en este libro tal y como participaron, sin cambiar una sola coma. Incluso en el orden que quedaron tras la votación.
17 cuentos entre los más votados tras los tres ganadores del concurso (quienes se hicieron acree-dores a un e-book personal cada uno, a publicarse entre enero y febrero de 2011). Son 17 cuentos en castellano que exhiben nuevamente, por si hiciera falta, la vitalidad de nuestro idioma común, el que nos une.
17 pequeñas obras literarias que reflejan también la calidad –a veces extraordinaria, otras tal vez menos– de los «nuevos» autores en nuestra lengua, hombres y mujeres, jóvenes y no tanto; pero siempre con imaginación, sensibilidad, voluntad de tratar bien nuestro idioma y algunas veces de quebrarlo, romperlo. Lo que también hace a su construcción.
17 cuentos de 17 autores de orígenes culturales comunes pero también diversos, eclécticos: de Argentina, de Bolivia, de Colombia, de España, de México y de Perú. Son 17 relatos que, al mismo tiempo, pasan revista a las realidades de cada país, de cada región, de cada ciudad, de sus características, glorias y miserias. Tal y como debe hacer la literatura.
17 autores en su gran mayoría inéditos pero que, por esto mismo, desnudan las falencias de una «industria editorial» que da más cabida al marketing importado que a nuestra literatura. Una «industria» hace rato colonizada por las grandes compañías que se dedican, más que nada, a imprimir, distribuir y vender éxitos, best-sellers prefabricados.
17 cuentos que reclaman ser leídos, como otras decenas de relatos que participaron del concurso pero que no tuvieron la votación –siempre subjetiva– requerida para participar de este libro y, sin embargo, lo merecen.
17 autores como otros miles que cotidianamente escriben la nueva literatura en cada rincón del planeta por el sólo placer de crear.


sábado, 2 de octubre de 2010

Concurso zonaliteratura.com.ar

 PLAZA CONSTITUCIÓN
por Roberto Rowies
(votar en el siguiente enlace para concurso)


Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, Pablo Neruda.
                
                  Es una frase que poco tiene que ver con los sucesos que voy a narrar, tampoco tienen éstos algo más de irrelevancia que lo dicho por Neruda. Sin embargo, los encuentro necesarios y, acaso, imprescindibles para la vida de todo individuo. Sentado aquí les escribo, o les describo, todo lo que está a mi alrededor, todo lo que funciona. (Hace más de una hora que espero, aunque sé que sólo la veré caminar hacia mi por el camino, uno de los dos que hay, sin contar con algunas bifurcaciones para los dos lados de la plaza, recién en la hora entrante). A la derecha del sendero de árboles (que divide los dos caminos principales que cruzan la plaza) se despliega con toda su gracia un arenero con varios juegos para chicos y por qué no para algún mayor con alma de niño; se encuentra a mi derecha también. Yo lo considero como el alma de la plaza, el símbolo. Sin arenero con juegos y chicos no existiría lo que se denomina “plaza”. Aquí no hay chicos. 
    El banco es demasiado bajo para mi estatura, sin embargo hace una hora y cuarto que estoy y no he sentido incomodidad. Es de esos que poseen maderas finas ubicadas de tal forma que se arquean en las piernas y en la espalda; ¡son los clásicos bancos de plaza!. Están baqueteados por el maltrato y solo dos, de los ocho que alcancé a contar, conservan intactas todas sus piezas, a excepción de la pintura.
    Una paloma agita sus alas aterrizando exitósamente a mis pies; me recuerda que ya debe ser la hora y miro el reloj: pasaron ocho minutos desde que observé el arenero. Ahora las palomas son muchas y picotean el suelo que está minado de florecillas amarillas que caen de los árboles. Varios palomos muestran su envergadura empujando a las más jóvenes, ¡que delicadas que son!, no he visto ave doméstica más elegante y sutil. Inspiran (creo) a la parte más bella de la plaza, ¡que importantes que son!, sin ellas tampoco  habría lo que se llama “plaza”. Se mezclan (justo cuando observo a tres cartoneros en uno de los bancos a seis metros), unos gorriones entre las palomas y los palomos. Intentan jugar.
    Bostezo por primera vez (acaso un amigo mio sabe a causa de que) y sigo con la mirada la labor de los tres hombres. Doblan forzadamente los cartones, los apilan y luego los atan con una cinta difícil de cortar. Mientras tanto ríen (no sé qué los motiva), ríen felices de algo (y recuerdo ahora la frase del poeta). Pienso preguntarles algo importante para mi cuando tenga que irme, dudo que no sepan la respuesta.
    Miro nuevamente el reloj, faltan quince minutos. No sé por qué llegué tan temprano (seguro que usted se lo preguntó también), pero no me niegue que nunca sintió ansiedad en las vísperas de una cita, o estando en ella. No me niegue que no hizo locuras y hasta no dio unas vueltas antes de verla ahí sentada, con las piernas cruzadas, sobre el vestido floreado, esperando. No me diga que no se quedó un momento observando esa postal universal, ese amor primerizo, esa sensación vaga, intensa e indescifrable llamada amor, vaya a saber uno por qué. No me lo niegue. Yo no le miento. Llegué temprano, me anticipé a su ronda, sin duda. No sé bien con cuántas horas o minutos, pero le aseguro que me siento cómodo, distendido, a la espera. (No le voy a mentir, cuando la vea caminar por el sendero de flores amarillas, de árboles, ella y su dulce rostro me van a confundir. El tiempo no va a ser tiempo, la duda va a ser desestimada, la ansiedad será ahogo, la cosquilla, hormigueo persistente y casi molesto). Yo la espero hace más de una hora y cuarenta cinco minutos, pero ¿importa el tiempo?. Importa que llegue y se siente junto a mi, eso sería muy importante. Denotaría que estuvo buscándome por toda la plaza (aunque yo no le indiqué exactamente el lugar) y, acaso, exprese cierta alegría al verme.
    La busco entre la gente que camina  por ambos senderos a mi izquierda, ya está por ser la hora y quizá llegue antes de lo previsto (no acostumbraba a hacerlo). Las personas pasan y no miran; estoy sólo sentado en un banco con muchas palomas, palomos y gorriones que me dividen de los tres cartoneros; ¿no es una digna postal para observar? ¿acaso es una imagen frecuente?.
    Un señor cruza entre las palomas (éstas se elevan pero caen a los pocos metros) y me pide fuego. Con mis manos le hago gestos de que no poseo (ubico ambas manos en los bolsillos y con la cabeza niego poseer algo). Los gestos los interpreta a la perfección y se sienta a unos metros,  en un paredoncito. Intenta prender el cigarrillo con su encendedor y lo consigue (aunque con esfuerzo), luego lo fuma y se retira. Me hubiese gustado pedirle uno.
    Las agujas llegan al momento pactado; ni la sombra de ella aparece por el lugar.Trato de disuadir mi enojo (en realidad la ansiedad) escuchando el tránsito pesado que circula por Avenida San Juan. Sin los autos que se agolpan, producen ruido e intoxican el ambiente la plaza sería mejor, pero en realidad ¿sería mejor?. ¿Acaso a falta de una cosa la otra sería necesariamente mejor? ¿No es posible que algo fuera ese “algo” por sí mismo?.
    Pasaron quince minutos (porque cinco los utilicé para cerrar los ojos y dejar mi rostro merced del sol que apenas entraba entre los árboles). No llegó. ¿Estará buscándome? ¿O sentada, observando las vicisitudes de la realidad espera que yo llegue por uno de los senderos hace dos horas y cuarto?.
    No me levanto del banco y pienso qué situación es la más correcta: “que yo esté esperando o que ella lo esté haciendo”. Sin duda lo segundo. Lo primero resultaba tedioso, pero cómodo al fin; lo segundo era de una responsabilidad mayor; había que encontrar algo al momento pactado. La primera no poseía esa responsabilidad (pero era fundamental llegar antes para esperar). Entonces, aunque pequeña, había una regla: llegar antes.
        Suena la alarma del reloj (indica que no debo esperar más, pasó el tiempo tolerable), y me levanto. Pero, ¿es imposible esperar más? ¿Y si llega cuando yo no estoy?. ¿Me esperaría ella a mi entonces?. (Me siento y espero quince minutos más). No llega. ¡Ahora si me voy!. Ha pasado el tiempo tolerable. ¿Tolerable?, ¡Si eso es lo más cómodo!  ¡Esperar!. ¿Es cómodo al fin esperar? ¿Es fácil?.
        Me levanto y camino unos metros en la dirección en la que ella tendría que haber aparecido con su vestido liviano y floreado. He decidido irme. Si la cruzo en el camino me quedo, y acaso hablo de todo lo que sucedió a la espera de su llegada. ¿La cruzaré?. ¿El azar puede determinar el encuentro entre lo que deseo y lo ya determinado?. ¿Entre el futuro y mi destino?. 

       Los cartoneros me observan (de seguro que no es la primera vez que lo hacen), mientras yo me acerco a preguntar mi inquietud (la que tuve desde que llegué). Sólo uno de ellos gira para ser el alocutario. 
- Disculpe señor –le dije-, ¿sabe usted cómo se llama esta plaza?.


Roberto Rowies, 2003, Buenos Aires, Argentina.


  

jueves, 16 de septiembre de 2010

Esquiso, Editorial Eureka, 2010. Coedición Pablo Zarza-Adán Rowies

Edicion Ebook. CD con relatos en Pdf y audio.





Contratapa

Lista de relatos:
Pablo Zarza
-"Unos pasos ahí afuera"
-"La pensión del miedo"
-"Qué extraño fantasma"
-"El silencio del mar"
-"El infierno no existe"



Adán Rowies
-"París y Buenos Aires"
-"El caso Pomar"
-"Variaciones"
-"Mujer mosquito"
-"Los cuartos"
-"Nada"
-"La muerte segura"


La edición se distribuye solamente a pedido del que quiera una copia, ya que (lamentablemete)
no podemos hacerla gratuita. 
Contacto: robies21@hotmail.com. Precio: $10

Nuestro Producto
 

lunes, 13 de septiembre de 2010

OUVERTURE

En criollo, se traduce como presentación, prólogo, obertura. Supe que era conveniente una palabra en francés, para dilatar, o (exonerar) alguno de los cuentos del libro, cuando me leí a mi mismo y no me entendí. Parte de la filosofía de "Esquiso" es crear un mundo ficticio, arquetipo de la realidad, pero ficticio, el cual nunca llegamos a entender; sea porque estamos vedados para hacerlo, o simplemente porque no queremos. Cierto es, que, a medida que discurríamos sobre nuestras fatalidades, nos fuimos dando cuenta de que ya no podíamos diferenciar lo real de lo imaginario: ¿qué fue primero?. Existe un momento en el cual los sentidos se confunden, se polarizan, exceden nuestra comprensión. He visto a una mujer hermosa, pero otros no la vieron. ¿La imaginé? ¿o simplemente los demás no percibieron la belleza implícita en ella, pegada como la transpiración?. Una sensación vaga, nauseabunda, pasajera. 
Los cuentos, relatos, se fueron gestando con esa disparidad. Ninguno pleno de alegría. Ninguno llano de tristeza. Se ven reflejados nuestros anhelos, nuestras falencias, nuestros miedos. Escribí palabras que otros no escribieron. Dejé silencios. Confundi. En esa confusión entre yo, y me perdí completamente.
Los autores de este libro somos distintos. Muy distintos. En esa disparidad, en ese ejercicio inadecuado de las letras me esgrimo; él parece ser testigo de una aberración, de un completo desorden. Ordena el libro, lo equilibra, le da la sintáxis y la brevedad. Somos concientes de eso. Estamos confundidos. Arbitrariamente cayeron los relatos en un aparato que los unió, les dio un titulo, y sin inhibición lo echó a la calle. 
Creo (necesariamente), que en algo coincidimos. Otro (no nosotros ni ustedes) urdió esta trama casi milagrosa. 

Adán Rowies (Pablo Zarza, la contraparte)
Lunes 13 de Septiembre de 2010.